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MAMA YEQUE...RECIBIMIENTO EN "EL OTRO MUNDO"...



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MAMA YEQUE...RECIBIMIENTO EN "EL OTRO MUNDO"...

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28 de noviembre 2012 – 19h

Pueblo de Mama Yake, Distrito de Cenepa, provincia de Condorcanqui, departamento Amazonia

En esta primera noche en la Amazonia peruana, Cevelio Kayap Jempekit, el joven lider de la organización de desarrollo de las comunidades organizadas fronterizas de Cenepa (ODECOFROC), nos ha recibido en su casa para cenar. Desde nuestra llegada hace tres horas, hemos sido recibidos como huéspedes de honor. En su humilde casa tradicional, sabia construcción de bambú y vegetales, reunidos alrededor de una sencilla mesa de madera. Las mujeres se alteran en la habitación de al lado; una de ellas deja rapidamente encima de la mesa enormas hojas de bananeros en forma de mantel y ñame cocido delante de cada uno de nosotros.

Cuando los ruidos del bosque empiezan a llenar la noche, pongo la oreja y abro los ojos para intentar captar algunas de la palabras de nuestros anfitriones y cada uno de estos momentos únicos y privilegiados de descubrimiento de otro mundo...Mujeres e hijos sentados en un banco de madera en el porche; podemos ver sus pequeños ojos que nos observan, intrigados. Varios hombre Awajun reunidos alrededor de nosotros. Adivinamos a penas su rostro en esta noche iluminada debilmente por unas velas. De repente, uno de ellos se precipita, sentado en el suelo y lo que parece un trozo de madera, lo aplasta de un golpe rápido y preciso en un pilar de bambú en el que estaba apoyado Christophe. Todo pasa muy rapidamente. No he tenido el tiempo para entenderlo pero este gesto no es anodino y sin duda inútil. Christophe acaba de perder la sonrisa y tiene un aspecto grave y concentrado, mientras algunos se divierten con la escena...o quizá se rien al vernos preocupados y tensos.

Con su rostro redondo y sus ojos risueños, Cevelio nos explica cari ironicamente que no se trata nada mas que de una simple hormiga gigante de cinco centímetros de largo que acaba de morir delante de nuestros ojos. Nos ha tranquilizado...hasta que nos precisa que su picadura no es mortal pero que puede provocar intensos dolores que duran entre seis y siete días...A penas hace tres horas que llegamos a Mama Yeque, y ya hemos tenido una rapida inmersión en la realidad del bosque de la Amazonia: nos concentramos en evitar una invasión nocturna de insectos y otros animales raros que aunque con dudas no son del todo inofensivos...

Cuando la noche ha caido, hemos llegado a Mama Yeque, la comunidad de Cevelio en uno de los lados del río Cenepa. Mama Yeque es también la seda de la organización ODECOFROC. No creo en el azar: al mismo momento que hemos atravesado el atlándico para llegar aquí en lo que yo llamo voluntarios "del otro mundo", se lleva a cabo la Asamblea general de la organización. Los Apus (jefes) de todas las comunidades están reunidos. Con mi colega Christophe, director de los programas, Cesar, nuestro coordinador en Perú y Edgardo, nuestro discreto pero experto en el cacao, hemos llegado para entender las realidades del pueblo Awajun de la Amazonia en el corazón de su territorio.

El viaje ha sido largo. Nueve horas de ruta han sido necesarias para llegar hasta Imacita desde Piura, final del Río Marañón, uno de los afluentes directos del Amazonas. Bajo un calor torrido, húmedo y sofocante, Imacita, un burgo de colones sin alma, de callejones sucios y puesto heteróclitos en el que están y deambulan los indígenas Awajun que van a la ciudad a hacer alguas compras. Niños indígenas están sentados en el suelo de la única tienda que vende productos chinos y taiwaneses. Miran las medueas de un telefilm de serie B del que no sabría decir de que parte del mundo viene. Los diálogos son incomprensibles pero no importa: las imagenes se mueven y llaman la atención de los niños. Más lejos en un tugurio donde compramos algunas reservas antes de subir el río, una mujer me dice que ella está mucho mejor aquí que en Piura o Bagua, las grandes ciudades más al oeste. "Es mucho más tranquilo" me confiesa. No lo dudo... Aqui se termina "nuestro mundo". El pie que pongo ahora en la chalupa amarrada en el borde del río significa para mi la entrada en el otro mundo...

Dos horas de navegación por el tumultuoso río Maraños, motor funcionando a toda máquina, dirección del Amazonas. Nuestro jóven conductor conoce el río y sortea los rápidos que encontramos sin que nos preocupemos. En un meandro, dejamos el Marañón para remontar el río Cenepa. La riviera se estrecha. Entramos en un territorio y el mundo de los indígenas Awajun. Las casas a base de plantas aparecen en la orilla. A lo largo del ríos, hombres, mujeres y niños pescan de manera tradicional, sentados en frágiles piraguas de madera. Cada minuto que pasa, la naturaleza está más presente, los árboles son más altos y más densos; las lianas suspendidas terminan su carrera en las aguas fangosas del río. A veces, un hombre o mujer aparece, perdidos en las orillas, llenos de coleres salidos de no se sabe donde en este bosque virgen omnipresente.

Al fin en Mama Yeque. Varias piraguas están ya amarradas en la orilla, señal de una reunión no muy habitual. Casi no hemos tenido el tiempo de bajar a esta orilla inestable y pantanosa en la que nos hemos metido, cuando un grupo de indígenas Awajun ya han llegano a nuestros encuentro. Han sido informados de nuestra llegada. Entre ellos, mujeres con vestidos tradicionales, en rojo con conchas alrededor del cuello. Una de ellas, me parece la más mayor por el color gris de su largo pelo y las arrugas de su piel gastada por el sol, lleva en su mano una calabaza llena de un polvo rojo de achiote. Se acerca y con sus dedos, me lo extiendo por la frente, la nariz y las mejillas. Christophe, Cesar y Edgardo se benefician del mismo ritual. Ellas también tienen pintados los rostros y los ante-brazos. Un Apu en traje tradicional, cinturon y adornos de conchas, corona de plumas multicoles en la cabeza, se coloca delante de nosotros y hace un baile cuanto menos sorprendente, moviendo la lanza entre sus manos. A decir verdad, no entiendo gran cosa y mirando la cara de Christophe, creo que no soy el único... Pero soy plenamente consciente de que lo que estamos viviendo es un momento excepcional de descubrimiento de un nuevo mundo y de una cultura desconocida. Solo Cesar, acostumbrado, sonrie. Quizá se alegra en su fuero interno de ver a los "Apu de AVSF" un poco desconcertados delante de tal rito. Por suerte, Cevelio ya está aquí, ha venido a recibirnos de nuestro descenso en piragua, parece muy contento de rencontrar a su amigo y complice Cesar y de recibirnos. Rapidamente nos da las claves para entender el ritual: una especie de bautismo que nos da el derecho de entrar en la comunidad.

La mujer anciana se acerca de nuevo a mi. Extiende la calabaza llena hasta el borde con un líquido blanquecino, a priori poco apetitosa. Es una Chicha de Yuca, una bebida fermentada a base de ñame, que los indígenas llaman Masato. Delante de los Awajun que nos escoltan, no tengo otra elección que beber esta bebida fermentada, finalmente menos mala de lo que parecía. Sabré más tarde – y menos mal - que este breb está perparado por la mujeres de manera tradicional: son ellas las que mastican los primeros trozos de ñame antes de escupirlos en la calabaza para hacerlos fermentar...

Cevelio interrumpe la Asamblea General para introducir a los ilustres visitantes. Descubro bastante pronto que este pequeño hombre, más joven de lo que parece, es un líder Awajun reconocido, apreciado y  establecido como el Presidente de la organización. Está orgullose de presentarnos en plena Asamblea, insistiendo sobre el largo viaje que hemos tenido que hacer desde Francia para llegar a su territorio. Porque es él junto con Cesar los que nos ha hecho llegar hasta allí. Juntos, han coordinado la formulación de un proyecto de desarrollo para el pueblo Awajun, cofinanciado por la Comisión Europea y que se inicia en enero de 2013 durante tres años. Ello merece que seamos tratados como huéspedes de honor. No entra quien quiere en la comunidad Awajun...

"La última vez que vine", nos cuenta Cesar, había un colono que no sabía quien era. Pregunté a Cevelio y me respondió: es nuestro prisionero; le hemos sorprendido intentando cortar y robar nuestra madera. ¿Pero no es libre? le pregunté. Cevelo se puso a reir: de todas formas, en el medio de esta jungla, no podría llegar muy lejos..."