Por: Karina Cisneros
Cuando disfrutamos una tableta de chocolate, pocas veces pensamos que detrás de ella hay mucho más que un cultivo. Existen miles de familias, cooperativas y organizaciones que, desde sus territorios trabajan día a día para conservar la biodiversidad de América Latina. Allí, el cacao se ha convertido en un aliado para cuidar la tierra y construir un futuro sostenible.
Cada tableta de chocolate trae consigo más que un producto. Contiene historias de familias que recuperan sus tierras, cooperativas que convierten el conocimiento en acción colectiva, redes que construyen soluciones compartidas y jóvenes que encuentran en el cacao su futuro y el de sus territorios.
Por eso, en el marco del Salón del Cacao y Chocolate de Lima, nos propusimos ampliar la mirada y reconocer a los “Guardianes de la Biodiversidad”, hombres y mujeres que desde sus chacras, cooperativas y redes de trabajo, deciden día a día conservar los territorios mientras fortalecen sus economías, su organización y su capacidad para enfrentar los desafíos del futuro.
La parcela, el punto de partida
En el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), más de 700 familias están protagonizando una transformación histórica. De manera voluntaria, vienen reemplazando los cultivos de hoja de coca por cacao, café, frutales y animales menores, apostando por alternativas que les permitan mejorar su calidad de vida sin renunciar al cuidado de su territorio.
Pero el cambio no consiste únicamente en sustituir un cultivo por otro. También implica recuperar la fertilidad de sus suelos y reconstruir la relación con la tierra. No es casual que muchas familias describan este proceso con una expresión sencilla, pero a la vez muy poderosa: “estamos reviviendo nuestras parcelas”.
La implementación de prácticas agroecológicas, la diversificación de la producción y el fortalecimiento de pequeñas organizaciones locales están demostrando que es posible construir nuevas oportunidades desde el propio territorio. Asociaciones como Sumaq Sunqu, Los Pacificadores del VRAEM Pichiwillca y Nueva Generación Huarcaya son hoy una muestra de que es posible construir otro futuro en el VRAEM.
La experiencia demuestra que los cambios más profundos ocurren cuando las personas participan desde el inicio, construyen las soluciones junto con sus organizaciones y hacen propio el proceso de transformación. Es entonces cuando las decisiones dejan de depender de un proyecto y se convierten en parte del futuro del territorio.
El conocimiento se vuelve colectivo
Cuidar un territorio también significa aprender a hacerlo juntos, es recuperar la esencia de la organización comunitaria, por eso cuando vemos a las cooperativas, recordamos que son espacios que van mucho más allá de la comercialización del cacao. Son espacios donde las familias comparten experiencias, construyen confianza, fortalecen capacidades y encuentran soluciones comunes frente a desafíos que difícilmente podrían afrontar de manera individual.
Un ejemplo de ello es la incorporación de estaciones meteorológicas comunitarias. Gracias a ellas, organizaciones como El Quinacho pueden anticiparse a los efectos del clima, interpretar esta información y poner ese conocimiento al servicio de las familias productoras. Lo que antes era una observación individual del tiempo hoy se convierte en una herramienta colectiva para tomar mejores decisiones, proteger los cultivos y fortalecer la resiliencia de todo el territorio.
Cuando el conocimiento deja de pertenecer a una sola persona y comienza a compartirse, también crece la capacidad de cuidar la biodiversidad.
El conocimiento también se traslada “viaja”

Los desafíos que enfrentan las organizaciones productoras ya no se limitan a un solo territorio. El cambio climático, las nuevas exigencias de los mercados internacionales o la necesidad de garantizar la trazabilidad del cacao requieren respuestas construidas de manera colectiva.
Por eso, acompañar redes de cooperación significa mucho más que reunir organizaciones. Significa facilitar el diálogo, promover el intercambio de experiencias y fortalecer alianzas para que el conocimiento generado en una comunidad pueda inspirar soluciones en otra.
Por ello, acompañar espacios como Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Pequeños Productores de Cacao (ALCACAO), donde organizaciones de distintos países comparten aprendizajes, identifican desafíos comunes y trabajan por construir una voz colectiva capaz de representar a miles de familias productoras de cacao de América Latina, se convierte en una función esencial para fortalecer la sostenibilidad del sector.
Compartir también es conservar
La biodiversidad también depende de que el conocimiento pase de una generación a otra.
El relevo generacional es uno de los principales desafíos que enfrentan las organizaciones de productores. Por ello, AVSF impulsó La Relève, un espacio creado en el marco del Salón del Cacao y Chocolate para que jóvenes productores, organizaciones y especialistas internacionales intercambien experiencias, fortalezcan sus capacidades y continúen elevando la calidad del chocolate peruano.
Más que una actividad puntual, La Relève representa una apuesta por mantener vivo el conocimiento, impulsar la innovación y abrir nuevas oportunidades para las futuras generaciones de productores. Porque conservar la biodiversidad también significa asegurar que las personas que la cuidan hoy puedan transmitir su experiencia a quienes continuarán haciéndolo mañana.
“Guardianes de la biodiversidad” es una iniciativa de AVSF que articula los proyectos VRAEM Sostenible, Fortalecimiento de Cooperativas, Cacao Bioandino y Pasión por el Chocolate; y es posible gracias al apoyo y colaboración de Unión Europea, Fundación Rabobank, la Agencia Francesa de Desarrollo y Fundación Valrhona.